• Confitería “El Ideal” de Pergamino, un ejemplo bonaerense y argentino – I -

    En una serie de artículos, trasladamos la nota publicada en el diario La Opinión de Pergamino, recogida y comentada por Carlos Trotta, periodista pergaminense establecido en España.

    Nos introduce Carlos Trotta en la referida nota del diario bonaerense:

    “Este artículo aparecido en La Opinión, me llevado a transitar por mis recuerdos y así evocar la etapa de vida en mi añorada ciudad de Pergamino, y por supuesto dentro de ellas esta confitería de la que fui cliente dando cabida a las sugerencia de mi padre, quien solía “visitar” el establecimiento para adquirir los buenos y apetitosos productos que allí se fabricaban y se fabrican.
     
    Local de la Confitería El Ideal de Pergamino. Foto del diario La Opinión de esa ciudad bonaerense, en Argentina

    No dejé de frecuentar a El Ideal aún viviendo en Buenos Aires y menos aún en mi residencia en España, pues cada vez que viajo a la Argentina y por ende a Pergamino, es obligado comprar los merengues de dulce de leche y los de crema, como así también algunos “kilitos” de masas finas, que degustábamos opíparamente,  después de cada comida en casa de mis padres.

    Claro que no podía regresar a mi casa, en Buenos Aires o ahora en España, sin llevar los tradicionales Alfajores Pergamino, que hacían y hacen las delicias de mi mujer y de mis hijas (como así también parientes y amigos…).

    Pero esta Confitería pone en evidencia algo que no es normal en Argentina: un establecimiento casi centenario y dirigido por una familia. Más extraordinario todavía es el hecho que esto suceda en una ciudad del interior del país, en una ciudad “de campo”, una ciudad hecha así misma, hecha con el bregar de sus habitantes, en su mayoría inmigrantes e hijos y nietos de inmigrantes, que al formar sus familias establecían las bases generadoras de la actual  sociedad pergaminense,
     
    Carlos Trotta, psicólogo y periodista argentino, nacido en Pergamino y residente en Madrid, España
     

    Por eso he solicitado a Eduardo, el Director de Raíz Argentina, la publicación de este articulo para que cada uno de los que lo lean estén informados de que en la Argentina,  hay muchas personas que con su diario hacer son los que forman parte de ese país que queda fuera de la corrupción, de los vaivenes políticos, de las noticias policiales. 
     
    Al fin, son los que mantienen viva esa esencia argentina que con tanto orgullo destacamos los que vivimos en el exterior".

    Carlos Trotta

    Así comienza el reportaje de los colegas de
    Diario La opinión de Pergamino, provincia de Buenos Aires,
República Argentina
     
    “A partir de la presente edición, el perfil dominical también estará destinado a un emprendimiento comercial, de los muchos que llevan varias décadas, transcurriendo de generación en generación.

    Hoy lo dedicamos a la tradicional confitería “El Ideal”, con casi 84 años y un rico historial, como que es quien elabora los Alfajores Pergamino, un clásico de la ciudad, a punto tal que habitantes de otras localidades vienen a nuestra ciudad para saborear ese producto que es motivo de compra y obsequio obligado cuando se visita a un ser querido o se pretende quedar bien, incluso en el exterior.

    Un vecino nos comentaba que tiene familiares en el extranjero, sus hijos que le piden tres regalos: “Dulce de leche, yerba mate y los ‘Alfajores Pergamino’ “.

    Para quienes tienen cierta edad, caminar por San Nicolás 471 es volver al pasado, cuando sólo se transitaba por las aceras y nadie podía dejar de hacer un alto ante esas vidrieras tan atractivas. Los domingos del matinée en el Cine Monumental a la salida se compraban los clásicos caramelos de dulce de leche o chocolate, el alfajor, las masas finas, tantas exquisiteces que eran algo corriente para que saborearan los chicos y jóvenes.

    Otro motivo para entrar al mundo de la dulzura fueron aquellas mañanas del mismo domingo, donde llegaron a cerrar las puertas de la confitería por la cantidad de clientes dentro del local, para luego hacer ingresar a otro grupo de los consecuentes clientes.

    Nadie olvida a “El Ideal”

    Han pasado muchos años, pero las distintas generaciones no olvidan ni dejan de degustar lo que produce “El Ideal”. Para nuestros mayores es la confitería que inauguró José Maureso, que llevaron adelante los hermanos Adolfo y Alfredo Climaco, luego sus hijos Marcos y Carlos, tempranamente fallecidos y hoy sus viudas, Josefina Gianetti y Susana Trotta, son las responsables del negocio y  tratan que los productos que elaboran tengan el mismo sello de calidad y para su orgullo, lo han logrado.

    Josefina llegó a la confitería cuando tenía 12 años tras terminar la escuela primaria. Recuerda muy bien esos años, cerca del medio siglo, todo lo que el comercio elaboraba y ofrecía a una consecuente clientela.

    “Teníamos numerosos servicios de lunch, se viajaba a ciudades vecinas. Hemos llegado hasta Carreras, una localidad de Santa Fe. ¡Cuántos casamientos y otras fiestas importantes hemos atendido! Todo se elaboraba aquí, sandwiches, bocaditos, se cortaba el lechón, preparábamos las cacerolas de salsas, toda la repostería. Eran diez o quince personas trabajando. Iba todo en cajas forradas para darle mayor seguridad en cuanto a higiene. A las dos de la mañana ya estaba la confitería a pleno en cuanto a trabajo. Llevábamos bandejas de plata, una paquetería.

    “Al frente del negocio estaban Adolfo y Alfredo Clímaco. Luego comenzaron a incursionar los hijos de don Alfredo, que no quisieron estudiar y los trajo al negocio.

    “Aquí se hacían helados, se molía café a la vista, y en una época hubo mesitas en el local, donde se servía el té con masas o el café”.

    Hasta aquí la primera parte del reportaje del
    Diario La Opinión de Pergamino.

    En dos capítulos más completamos esta historia empresarial que representa a la de muchos inmigrantes o sus hijos, emprendedores que levantaron el tejido industrial y comercial de Argentina, que en gran parte sustentaron el progreso del país.
     
    La fabricación de pan y la elaboración de masas, pasteles, tortas, alfajores, etc. fue desarrollada por inmigrantes de diversos países europeos, con mucha presencia de los españoles e italianos.

    Merecen ser recordados y elogiados, para que sirvan de modelo a las actuales generaciones.
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    Panadería Argentina, cañoncitos con dulce de leche

     

    PANADERIA ARGENTINA

     

    Cañoncitos de dulce de leche
     
    Hablé con mi prima, Leticia, la que está en España. ¿Saben que me dijo? Que yo allá sería una reina haciendo los cañoncitos de dulce de leche a la argentina que hago.
    La verdad… muchas veces lo compro en una panadería que hay por la Avenida Boedo que los hacen muy buenos, vió? Pero están esos días lluviosos, con todos en casa dando vueltas y me los piden!
    Si quieren prepararlos tomen notas de los ingredientes que se necesitan:
    Están los que necesitamos para la masa y que son 135cc de agua, 7gr. de sal, un cuarto kilo de harina y unos 175 gr. de margarina para hojaldre.

    Con eso tenemos el cañoncito y con estos ingredientes hacemos el relleno y la decoración: Dulce de leche, de la mejor calidad y marca si es que no lo hace una, claro; cobertura negra, con ese chocolate repostero y azúcar impalpable. Estas tres cosas las tenemos que tener en buena cantidad para rellenar los cañoncitos que nos salgan. No pasa nada si sobran, se pueden preparar otras cosas sobre la marcha.
    Así lo vamos a hacer: Ponemos la harina y la sal sobre la mesa, haciendo un hueco y allí colocamos la margarina cortada en cubos medianos y vamos mezclando todo con suavidad.

    Volvemos a hacer la corona con la mezcla y le agregamos el agua y la vamos uniendo  hasta lograr una masa. La estiramos haciendo un rectángulo y lo dejamos descansar durante 5 minutos. Después la estiramos hasta 1cm de espesor aproximadamente.
    Dividimos la masa en cuatro partes y encimamos una parte sobre la otra y también juntamos entre sí las otras dos partes. Después rotamos las partes y las volvemos a unir. Después las cerramos para que parezca un libro.  
     
     
    Volvemos a girar la masa y a estirarla pero ¡Atención! en el sentido inverso al anterior. Esto lo tenemos que repetir cuatro veces, siempre respetando los tiempos de descanso entre una y otra vez.
     

    Volvemos a estirar la masa hasta alcanzar unos cuatro mm. Cortamos tiras de 2 cm de ancho. Forramos un cañoncito de metal. Lo estiramos en una placa.
    Pintamos con huevo batido los llevamos al horno y cocinamos entre 210 y 220 grados de temperatura. Dejamos enfriar y desmoldamos los cañoncitos para que queden listos para el rellenado.


    Después colocamos el dulce de leche en una manga de las que tenemos en casa para esas cosas y rellenamos los cañoncitos. Cuando terminamos este proceso, los bañamos con el chocolate negro y lo espolvoreamos con azúcar impalpable.  Después dejamos que se enfríen y mientras tanto vamos preparando un chocolate o la pava para el mate. Algunos les gusta comerse los cañoncitos argentinos con una taza de té o el mate cocido.


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